MI's Mexico Public Affairs Chatter - 30 de septiembre de 2025

Diplomacia de cortafuegos: México y EE.UU. trazan una línea divisoria sobre las armas

El 28 de septiembre, funcionarios estadounidenses y mexicanos lanzaron conjuntamente la Misión Cortafuegos (Misión Cortafuegos), un nuevo marco bilateral destinado a combatir el tráfico transfronterizo de armas de fuego. Calificado de avance “histórico” por ambos gobiernos, el acuerdo incluye protocolos ampliados de rastreo de armas, intercambio de datos en tiempo real y el compromiso de Estados Unidos de rastrear las armas desde el lugar del delito hasta los distribuidores autorizados.

A primera vista, el anuncio es una victoria diplomática. Es la primera vez que Washington reconoce formalmente cierto grado de responsabilidad compartida en el flujo de armas de fuego hacia México, una antigua demanda de las autoridades mexicanas. La secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, describió el acuerdo como una “cooperación sin precedentes”, mientras que sus homólogos estadounidenses hicieron hincapié en las mejoras operativas en los canales aduaneros y policiales.

Pero más allá de la óptica, la mecánica justifica un escrutinio. Las principales medidas -ampliación a escala nacional de eTrace, mejora de la comparación balística y mayor coordinación entre organismos- son técnicamente significativas, pero conocidas. Rastrear no es lo mismo que hacer cumplir la ley. La legislación estadounidense en materia de armas sigue estando fragmentada, y el rastreo en el punto de venta no conduce necesariamente a enjuiciamientos. México, por su parte, debe absorber la carga logística y judicial: incautaciones, integración forense, creación de casos.

El momento es notable. La puesta en marcha se produjo pocas semanas después de la decisión del Tribunal Supremo de EE.UU. en el caso México contra Smith & Wesson, que reafirmó la protección jurídica de los fabricantes de armas estadounidenses frente a demandas extranjeras. Esta sentencia cerró una de las pocas vías legales de que disponía México para obtener reparación.

Las autoridades han insistido en la voluntad bilateral, pero la asimetría es clara: México obtiene acceso a la base de datos; Estados Unidos mantiene la discrecionalidad en la aplicación de la ley. Y aunque los titulares de El País y Reforma tenían un tono festivo, ambos medios subrayaron la ausencia de obligaciones vinculantes. En palabras de los analistas, la iniciativa puede ser “histórica” por su tono, pero no necesariamente por sus consecuencias.

 

¿Quién se queda con las llaves? Nombramientos de Sheinbaum para CRT y CNA

La Presidenta Sheinbaum se está moviendo rápidamente para llenar los nuevos órganos reguladores de México. Su administración se ha comprometido a enviar al Senado las listas de candidatos preseleccionados para la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) y la Comisión Nacional Antimonopolios (CNA), ambas consideradas organismos independientes y técnicos. Los observadores del sector se centran sobre todo en la calidad de los nombramientos y en si, una vez en sus puestos, tendrán el carácter y el poder necesarios para enfrentarse al operador dominante del sector (es decir, América Móvil) o a poderosos intereses creados (es decir, el propio gobierno, Grupo Televisa y otros cuasi monopolios).

La CRT absorberá las funciones básicas del desaparecido IFT: gestión del espectro, adjudicación de concesiones y supervisión de la competencia en los sectores de telecomunicaciones y radiodifusión. Pero aunque la ley establece una autonomía formal, los cinco comisionados serán nombrados por el presidente y ratificados por un Senado en el que los aliados de Sheinbaum tienen una mayoría aplastante. El calendario escalonado -un comisario por año hasta 2032- significa que el poder, al menos al principio, puede residir en sólo dos o tres votos.

Según El Economista, la lista incluye caras conocidas y, a primera vista, tranquilizadoras: Tania Villa y Álvaro Guzmán -ambos ex funcionarios del IFT con amplia experiencia en el sector-, Norma Solano Rodríguez, ex directora jurídica de la ADIP del DF y ahora alta funcionaria de la ATDT, y Jorge Luis Pérez Hernández, ex director interino de Infotec. Uno de los puestos podría recaer en un candidato propuesto por el senador Javier Corral, figura clave en la reforma legal de las telecomunicaciones en México.

Lo que está en juego es inmediato. Tanto la industria como el gobierno presionan para que la CRT comience a funcionar rápidamente, ya que los procesos administrativos clave siguen congelados. El mes que viene se espera que la CRT publique nuevas directrices para el registro nacional de líneas móviles, una tarea que no puede avanzar sin una junta operativa.

Más allá del pleno, ya circulan nombres para puestos operativos: Adriana Elena Cruz (Supervisión de la Regulación Asimétrica), Miguel Monroy (Sanciones), Pablo Vanegas (Promoción de Infraestructuras), Ricardo Castañeda (Infraestructuras Gubernamentales), Marisol Nava (Subastas), Paula Ortega (Asuntos Jurídicos) y Mercedes Olivares (Servicios a la Audiencia).

A los críticos les preocupa que, al extender los nombramientos a lo largo de las administraciones, pero fijando a los primeros aliados, el gobierno se asegure una impronta duradera en la dirección del regulador. En el sector de las telecomunicaciones, esto podría traducirse en un organismo de control favorable al Gobierno (y algunos temen que también a América Móvil y/o Televisa) en un ámbito en el que hay mucho en juego. La CNA se enfrenta a riesgos similares: no entrará en funcionamiento hasta que los cinco comisionados y el presidente hayan sido confirmados, lo que deja en el limbo importantes casos de mercado.

Dicho esto, la presidenta Sheinbaum ha hecho muchos nombramientos de calidad en el gobierno, incluido el de Gabriel Cuadra como subgobernador del Banco Central. Algunos de los nombres que se barajan sugieren que busca experiencia e integridad. El hecho de que sean elegidos por el gobierno no significa que no vayan a desempeñar fielmente sus funciones.

 

La extorsión pasa a ser federal: Ahora viene lo difícil

El 9 de septiembre, la Cámara de Diputados de México aprobó por abrumadora mayoría una reforma constitucional para crear una Ley General de Extorsión. Apenas dos semanas después, el 24 de septiembre, el Senado hizo lo propio por unanimidad. La enmienda al artículo 73 pasa ahora a los parlamentos estatales para su ratificación, una mera formalidad dado el consenso político existente.

La reforma establece una definición legal unificada de extorsión en todo México, factores agravantes estandarizados y penas armonizadas. Y lo que es más importante, permite el enjuiciamiento de oficio, lo que significa que los casos pueden seguir adelante sin la denuncia formal de la víctima. Los legisladores afirman que el objetivo es hacer frente a la falta crónica de denuncias, motivada por el miedo y la desconfianza institucional. Queda por ver si esto se traduce en un enjuiciamiento más eficaz.

Políticamente, la alineación es notable. El Partido Verde lo enmarcó como un impulso a la coordinación intergubernamental. Los legisladores de Morena la vincularon directamente con la agenda de seguridad nacional de la Presidenta Sheinbaum. Incluso la oposición la apoyó, aunque en silencio: no hay mucho interés político en oponerse a la represión de un delito que afecta a todos, desde los vendedores informales hasta la agroindustria y los administradores escolares.

Las cifras lo dicen todo. En el primer semestre de 2025, las autoridades registraron 5.887 víctimas de extorsión, un aumento de 83% con respecto a 2015. Grupos empresariales como COPARMEX dicen que la cifra real es mucho mayor, dado el subregistro desenfrenado. La extorsión se ha convertido en un impuesto paralelo que afecta a las rutas de transporte, las cadenas de suministro de alimentos, los minoristas y las escuelas.

 

La nueva Ley de Aduanas: ¿Más dientes o una obra de teatro?

La revisión de la Ley Aduanera propuesta por la presidenta Sheinbaum, presentada como una importante iniciativa contra el contrabando, se debatirá y votará el 6 de octubre, después de que los líderes del Congreso solicitaran una pausa para evitar su aprobación por la vía rápida.

La propuesta es amplia y contundente. Elimina las exenciones de responsabilidad para los agentes de aduanas, acorta los plazos de las licencias a diez años (con renovación vinculada a la certificación bienal) y somete a los mensajeros de comercio electrónico a una supervisión reguladora formal. Y lo que es más importante, crea un nuevo Consejo de Aduanas, un órgano deliberativo encargado de supervisarlo todo, desde la concesión de licencias a los agentes hasta las autorizaciones de concesiones.

Según la exposición de motivos del proyecto de ley, el Consejo pretende “restaurar la confianza en las instituciones” haciendo que los procesos aduaneros sean más justos y transparentes. Pero su verdadera función es clara: consolidar el control. El Consejo, presidido por el Ministerio de Hacienda e integrado por representantes del SAT, la ANAM y el Ministerio Anticorrupción, tendrá poder no sólo sobre las autorizaciones y revocaciones de agentes, sino también sobre todos los permisos y concesiones relacionados con las aduanas. Las autoridades aduaneras deberán solicitar la aprobación antes de emitir resoluciones clave. El Ministerio de Hacienda, por su parte, dictará las normas de funcionamiento del Consejo, un estrecho lazo de poder bajo supervisión ejecutiva.

El contexto es fiscal y político. Las aduanas recaudan la impresionante cifra de 24% del total de ingresos fiscales -unos 3,6% del PIB- y están sometidas a presiones para que rindan. Hacienda presume de ingresos récord: MXN 836 mil millones (~US$45.6 bn) recaudados de enero a julio de 2025, un aumento de 21% en términos reales, con la recaudación de todo el año ya superando MXN 1 billón (~US$54.5 bn). Sin embargo, el SAT estima simultáneamente un fraude de 22.8 billones de pesos (~US$1.2 bn), más del triple de la cifra de 2024. La contradicción es evidente: recaudación récord, evasión récord.

 

La Reforma de Amparo en México: Un resumen de la crítica de Ana Laura Magaloni

Este es un resumen de un ensayo más extenso que circula de la jurista Ana Laura Magaloni escrito en respuesta a la propuesta de reforma a la Ley de Amparo, que se espera sea aprobada en breve, y que nosotros analizado a principios de este mes. Magaloni se opone a la iniciativa, y su posición refleja ampliamente las opiniones de la comunidad empresarial y los bufetes de abogados que han confiado durante mucho tiempo en los amparos para defender a clientes privados frente al gobierno.

Magaloni argumenta que la reforma no es un ajuste técnico, sino parte de un proceso político que comenzó en 2018, cuando Morena consolidó el control de la Presidencia, el Congreso y la mayoría de los gobiernos estatales. Esta concentración de poder ha erosionado los pesos y contrapesos. El Poder Judicial, ya debilitado por la reforma judicial de 2024, ahora enfrenta límites más estrictos a su capacidad de revisar las acciones del Ejecutivo.

Para las empresas, el impacto es más claro en tres áreas: litigios medioambientales y colectivos, disputas fiscales con el SAT y congelación de cuentas por parte de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF). Cada uno de ellos reduce los recursos legales, aumentando los costes de cumplimiento y el riesgo político.

El amparo como obstáculo

Durante la presidencia de AMLO, los jueces utilizaron amparos para suspender proyectos emblemáticos como el Tren Maya y la Ley de la Industria Eléctrica. El gobierno consideró estas sentencias como una injerencia política. La nueva reforma busca evitar suspensiones similares bajo Sheinbaum al recortar la discrecionalidad judicial.

Tres cambios

  • Interés legítimo limitado: Sólo los demandantes con un daño “real, actual, directo y diferenciado” pueden demandar. Esto haría casi imposible que las ONG o los grupos de ciudadanos impugnaran proyectos como el Tren Maya, el nuevo aeropuerto o las reformas energéticas radicales por motivos medioambientales o colectivos. Las grandes infraestructuras avanzarán con menos obstáculos legales.
  • Amparos fiscales limitados: Las suspensiones exigen ahora garantías fiscales y se eliminan algunos recursos. Aunque esto frena la evasión, deja a los contribuyentes honrados con menos defensas frente a la agresiva aplicación del SAT.
  • La UIF se congela: Las suspensiones ya no se aplican a la congelación de cuentas. Las empresas y los particulares deben demostrar el origen lícito de los fondos antes de recuperar el acceso, invirtiendo la presunción de inocencia.

Implicaciones

Las empresas se enfrentan a una protección judicial más débil, mayores cargas de cumplimiento y un mayor riesgo normativo. Los inversores extranjeros pueden exigir mayores beneficios para compensar la menor seguridad jurídica. Magaloni considera que la reforma confirma el cambio de México hacia un régimen hegemónico en el que los controles judiciales ya no limitan el poder ejecutivo. Para las empresas, la nueva realidad es clara: los litigios importarán menos, mientras que el cumplimiento y la gestión del riesgo político importarán más.

 

 

Contacto:                                                                          

Laura Camacho

Directora Ejecutiva de Asuntos Públicos de Miranda

laura.camacho@miranda-partners.com

 

Gilberto García

Socio y Jefe de Inteligencia

gilberto.garcia@miranda-partners.com

 

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