Sheinbaum y Trump (más Noem y Landau): un aplazamiento anticlimático en medio de tensiones externas e internas
Tras una semana bastante agitada, la esperada reunión de la presidenta Sheinbaum con Donald Trump en la cumbre del G7 fue aplazada porque el presidente estadounidense se marchó antes de tiempo para ocuparse de la crisis entre Irán e Israel. Puede que sea exagerado considerar el aplazamiento de Trump como algo positivo (sobre todo después de la molestia de tener que coger un vuelo de conexión para llegar a Kananaskis y el enfado de los críticos en línea que describieron incorrectamente el episodio como un desaire humillante), pero disponer de más tiempo para mover sus piezas podría ayudar a Sheinbaum, al igual que tratar con un Trump más alegre, recién llegado, se espera, de negociar algún tipo de acuerdo en Oriente Próximo.
En primer lugar, Sheinbaum tiene que demostrar a los asesores de Trump que su administración está haciendo su parte para asegurar la frontera, tanto en términos de flujos migratorios como de lucha contra los cárteles. En cuanto a lo primero, las cifras han sido claras en los últimos meses, mostrando una fuerte reducción de pasos fronterizos. Aclarar las cosas con la Secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, podría requerir cierta labor diplomática (incluida, quizá, la promesa de ser más cuidadosa con sus palabras en el futuro), pero dista mucho de ser una tarea insuperable. Al igual que ocurre con el cliché del crimen, el mayor reto podría ser tratar con el poli bueno, en este caso el afable Vicesecretario de Estado Christopher Landau.
“Estamos entrando en una fase de cooperación sin precedentes”, afirmó, siempre diplomático, tras lo que Sheinbaum calificó de mera “visita de cortesía”. Las explosivas acusaciones de Reuters que Estados Unidos está presionando a México para que procese (y eventualmente deporte) a políticos de alto rango. Ambas partes negaron enfática (y previsiblemente) el contenido del informe. Habrá que esperar para ver si surge algún cordero expiatorio.
Para añadir una capa más de complejidad a la situación, el mayor reto interno de la presidenta Sheinbaum no es lidiar con la oposición (o con los twitteros mexicanos propensos al Schadenfreude). Se trata de manejar a un Morena decididamente menos unificado que hace unos meses, cuando la presidenta logró unir a su partido durante el conflicto arancelario. Hoy en día, Sheinbaum ha tenido que pedir amablemente a algunos en el lado más radical de Morena que se tomen las cosas con calma en línea. Al principio hubo oleadas de mensajes de “solidaridad”. Pero rápidamente se convirtieron en insultos dirigidos a Trump y a Washington, después no sólo de una disputa poco cordial entre uno de los consejeros estatales de Morena en Jalisco y el Sr. Landau, sino también de un intercambio más serio entre el presidente del Senado, Fernández Noroña, y el senador estadounidense Schmitt sobre el asunto de los impuestos a las remesas.
Por ahora, incluso después de la cancelación de Trump, la presidenta Sheinbaum sigue teniendo una agenda repleta, que incluye sesiones fotográficas con India, Alemania, el Consejo Europeo, el plenario del G7 y, quizá ahora lo más importante, una conversación con el primer ministro de Canadá sobre comercio. Con tanto sobre lo que reflexionar a la vuelta de Canadá, quizá la escala en Vancouver ayude a despejar la mente del presidente.
Luz verde a los jueces mexicanos
Tras una ajustadísima votación de 6-5, el Instituto Nacional Electoral (INE) de México certificó la elección judicial del 1 de junio, a pesar de la controvertida operación “acordeón” en todo el país y de otras presuntas irregularidades, entre las que destacan 818 casillas (algo menos del 1% del total) que fueron desechadas, una participación sospechosamente alta en ciertos distritos y 3,8 millones de papeletas emitidas en casillas señaladas como rellenadas o premarcadas.
El consejero Arturo Castillo no se anduvo con rodeos: calificó las hojas de acordeón de “posible propaganda ilícita” y advirtió de que los tribunales aún podrían anular el resultado. ¿Su preocupación? Que los mismos nueve aspirantes al Tribunal Supremo ganaron por amplios márgenes en el 23% de los colegios electorales y en casi la mitad de los estados, un patrón difícil de atribuir a la coincidencia.
Por otro lado, la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, calificó las alarmas de exageradas. Argumentó que descartar 818 casillas problemáticas de un total de 84.000 no empaña unas elecciones que, por lo demás, fueron “excelentes”.
Algunos consejeros se inquietaron por el precedente: Dania Ravel advirtió de que tolerar una manipulación evidente envía un mensaje peligroso; Uuc-kib Espadas restó importancia a la magnitud, insistiendo en que no se repetían las tristemente célebres elecciones de 1988. Por su parte, Martín Faz señaló que el 61,7% de las cabinas fueron para la misma lista. Al final, sin embargo, el pragmatismo se impuso a la indignación.
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