El Tribunal Supremo revisa la polémica reforma judicial y se avecina una crisis constitucional
La reforma judicial se encuentra en una encrucijada crítica, ante una última oportunidad de ser detenida o modificada significativamente. Este martes, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) iniciará la revisión de la propuesta del ministro Juan Luis González Alcántara Carrancá, que pretende adoptar un enfoque “salomónico”, manteniendo algunos aspectos de la reforma y eliminando otros.
Magistrado del Tribunal Supremo Juan Luis González Alcántara Carrancá

Para que la propuesta prospere, necesitará el respaldo de al menos ocho de los 11 jueces. Entre los magistrados ha surgido una clara división. Ocho de los once se consideran potencialmente independientes, ya que presentaron su dimisión efectiva el próximo agosto y no se presentarán a las elecciones del Tribunal Supremo de mediados del año que viene. Tres se alinean con seguridad con la agenda de la actual administración, a saber, Yasmín Esquivel, Loretta Ortiz y Lenia Batres. ¿Se mantendrán firmes los ocho y apoyarán la propuesta de González Alcántara?
La presidenta Claudia Sheinbaum ha desestimado esta revisión judicial, afirmando que “carece de fundamento” e insistiendo en que la reforma judicial no está en peligro. La semana pasada, en parte para bloquear este posible fallo, el Congreso y la mayoría de los estados aprobaron la ley de Supremacía Constitucional, que busca impedir que la Suprema Corte declare inconstitucionales cambios constitucionales de esta naturaleza. Sin embargo, a pesar de la nueva ley de Supremacía, si los poderes ejecutivo y legislativo desafiaran un fallo de la SCJN, México podría encontrarse en una crisis constitucional sin precedentes.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí? El 3 de octubre, la Suprema Corte aceptó examinar la constitucionalidad de la reforma judicial, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 15 de septiembre. Por mayoría de ocho votos contra tres, la Corte aceptó el caso, subrayando su deber de “salvaguardar la autonomía e independencia del poder judicial federal.”
La propuesta de González Alcántara busca mantener partes clave de la reforma, incluyendo la elección de los ministros de la Suprema Corte, el desmantelamiento de los fideicomisos judiciales y la creación del Tribunal de Disciplina Judicial, pero pretende eliminar o frenar disposiciones como la elección de la mayoría de los jueces fuera de la Suprema Corte y de los magistrados y la implementación de los “jueces sin rostro”. Al fijar la primera ronda de elecciones judiciales para mediados de 2025, antes de que expiren los mandatos de muchos de los jueces actuales, el Congreso de México ha vulnerado la independencia del poder judicial federal y la separación constitucional de poderes, afirma la declaración. Aunque analistas y expertos han calificado la propuesta de equilibrada y prudente, el partido en el poder no ha mostrado intención de dar marcha atrás.
González Alcántara argumentó que la reforma de supremacía constitucional no impactará en el próximo fallo de la SCJN del 5 de noviembre para anular la reforma judicial. “Ahora sabemos que tienen el poder y la capacidad de presentar una nueva iniciativa, pero estamos hablando de que el mundo nos está viendo, de la crisis constitucional a la que nos están empujando”, remarcó.
¿Y ahora qué?
Con la reforma de la supremacía constitucional ya aprobada, México se enfrenta a un futuro difícil para la independencia judicial y los controles democráticos. Al bloquear la supervisión judicial de las enmiendas constitucionales, muchos juristas advierten de que esta reforma otorga de hecho un poder sin control al ejecutivo, despojándolo de protecciones esenciales contra posibles abusos.
¿Qué hará Sheinbaum? Por un lado, una crisis constitucional en México podría enviar una señal preocupante a los inversores y al sector privado, poniendo en duda el compromiso del país con el Estado de Derecho y la estabilidad institucional. Por otro, aceptar la propuesta de Alcántara permitiría al gobierno cancelar lo que muchos temen será un caos logístico, jurídico y político: elegir por primera vez a miles de jueces desconocidos. Y finalmente, para el próximo año Morena controlará de todos modos la Suprema Corte, así que ¿por qué no esperar?
Sin embargo, dar marcha atrás podría mostrar debilidad política, dividir a la facción más dura de Morena y enfadar a su mentor, AMLO. Y, por supuesto, Morena dejaría de controlar todo el poder judicial a partir del próximo año, lo que muchos sospechan que es su verdadero motivo detrás de la reforma.
Entender las reformas: el Tribunal Supremo ya no es el último control del poder
La SCJN se convirtió en un freno crucial a la agenda de la Cuarta Transformación durante el gobierno de AMLO, bloqueando importantes reformas enviadas por el Ejecutivo al Congreso y avaladas por la mayoría de Morena.
A través de sentencias históricas, la Corte echó abajo el llamado Plan B, que pretendía debilitar al Instituto Electoral (INE), rechazó la Ley de la Industria Eléctrica y bloqueó la transferencia de la Guardia Nacional al Ministerio de Defensa. Esta “obstrucción”, evidentemente, llegó a ser intolerable para la administración.
¿La solución? Reescribir la propia Constitución. Esta reforma modifica los artículos 105 y 107, haciendo imposible presentar amparos, acciones de inconstitucionalidad o controversias constitucionales contra reformas de la Constitución, aunque vulneren derechos humanos o se hayan impulsado con irregularidades procedimentales.
Morena y sus aliados han bloqueado cualquier impugnación a las enmiendas constitucionales. La llamada reforma de “Supremacía Constitucional” fue publicada en el Diario Oficial de la Federación el jueves (31 de octubre), después de haber sido aprobada a toda prisa por ambas cámaras del Congreso, y luego por la mayoría de las legislaturas estatales en un proceso de aprobación récord de 16 horas.
Esta medida, promovida para evitar que el poder judicial “interfiera” en las decisiones legislativas, está diseñada para eliminar de hecho cualquier obstáculo legal que pudiera cuestionar la legislación que aprueba el Congreso.
Hasta ahora, las acciones de inconstitucionalidad constituían una importante salvaguarda constitucional. Estas acciones permitían a actores legítimos, como los legisladores que representaban al menos un tercio del parlamento, impugnar ante la SCJN leyes contrarias a la Constitución. Ahora, las reformas ya no pueden ser impugnadas. Del mismo modo, las impugnaciones por parte del Procurador General de la República, los partidos políticos o la CNDH, destinadas a proteger la integridad democrática, están ahora proscritas.
Además, la reforma desmonta el concepto de “efectos generales” en amparo sentencias, despojando al Tribunal de la capacidad de ampliar las protecciones a quienes no sean los demandantes. Durante la última década, el Tribunal utilizó este poder para proteger los derechos humanos emitiendo amplias sentencias en casos relacionados con omisiones legislativas o leyes inconstitucionales. Esto ya no será posible.
La reforma también incluye un artículo transitorio sobre la retroactividad de las leyes, que establece: “los juicios, recursos y consultas que cuestionen la validez de cualquier adición o reforma a esta Constitución -ya sea en cuanto a la forma, el procedimiento o el fondo- que se encuentren pendientes al momento de entrar en vigor este decreto, quedarán directamente sujetos a sus disposiciones, perderán su razón de ser y serán desechados”. Esto significa que todos los casos o recursos en curso que impugnen cualquier reforma deben desecharse inmediatamente y no pueden seguir adelante.
Morena ha defendido la reforma, afirmando que es parte de un esfuerzo histórico para fortalecer el Estado de derecho y que tiene como objetivo “reafirmar que nada ni nadie está por encima de la Constitución.”
La presidenta Sheinbaum consideró que reforzar la supremacía constitucional no es un ataque a la justicia, sino una medida para proteger el Estado de derecho. La iniciativa de ley de supremacía constitucional respetará cada paso del proceso parlamentario en la Cámara de Diputados; es un recordatorio de que el país tiene un orden jurídico claro y que cada poder del Estado tiene límites.
La oposición había explicado que esta reforma engañaba al pueblo al despojar a los ciudadanos de sus herramientas legítimas para defenderse de los abusos y arbitrariedades de sus representantes. Violaba los principios fundamentales que dieron forma a la Constitución de 1917, como la separación de poderes y evitar la concentración del poder en una sola rama.
Contacto:
Laura Camacho
Directora Ejecutiva de Asuntos Públicos de Miranda
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