Negociación por la fuerza: Trump pone aranceles y lo llama seguridad
El presidente Donald Trump finalmente cumplió su amenaza de imponer un arancel de 25% a las importaciones de Canadá y México, declarando que el tiempo de negociación se había agotado oficialmente. Es imposible decir cuánto tiempo durarán, pero hasta que se levanten, no hay duda de que causarán un crecimiento más débil, una mayor inflación y pérdidas de empleo en los tres países, pero quizás especialmente en México, el país económicamente más vulnerable de los tres. Y con el genio de los aranceles fuera de la botella, y las cadenas de suministro de América del Norte ya no en su mayoría sin fricción, la inversión en nearshoring en México sufrirá un duro golpe, incluso si Trump da marcha atrás más adelante.
México y Canadá se encuentran ahora en una posición sin precedentes. Trump 47 ha demostrado que está dispuesto a utilizar la presión económica como arma en una medida mucho mayor de lo que lo hizo Trump 45. ¿Responden agresivamente con sus propios aranceles, con la esperanza de obligar a Trump a dar marcha atrás causando más estragos en la economía estadounidense? ¿O renuncian a la confrontación, con la esperanza de convencer a Trump de que dé marcha atrás con encanto y cooperación?
El miércoles por la mañana, Claudia Sheinbaum parecía buscar un término medio. Dijo que anunciaría contramedidas en un acto público el domingo, aranceles y no aranceles, quizá con la esperanza de que para entonces Trump llegue a un acuerdo con México. Enfatizó que esta decisión no busca crear una confrontación económica o comercial, sino promover una mayor integración entre ambas economías para fortalecer a la región frente a la competencia global. Sin embargo, consideró inconcebible ignorar el daño que esta medida causará a los ciudadanos y empresas estadounidenses, ya que provocará un aumento en los precios de los productos fabricados en México y frenará la creación de empleos en ambos países.
Estos aranceles se justifican por una “amenaza extraordinaria” a la seguridad nacional de EE.UU. en virtud de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA). En el caso de México, la supuesta amenaza procede de la actividad incontrolada de los cárteles y de la acusación de la Casa Blanca de que el Gobierno es cómplice del comercio de fentanilo. En opinión de Trump, México ha hecho muy poco para detener el flujo de fentanilo hacia Estados Unidos, lo que ha permitido una epidemia que ha costado miles de vidas. Con 97% de incautaciones de fentanilo en la frontera entre Estados Unidos y México, Washington lo está dejando claro: es México el que tiene que arreglar este desaguisado.
Pero si bien ese es el pretexto legal, oscurece la pregunta principal que México se hace esta mañana. ¿Está Trump empeñado en implementar su agenda America First cueste lo que cueste, rompiendo así el USMCA, y México no puede hacer nada al respecto? ¿O, como casi todo el mundo en México espera, y la mayoría de la gente sigue pensando, está negociando concesiones aún poco claras en materia de drogas, inmigración y seguridad, y está dispuesto a retirar los aranceles cuando haya obtenido su libra de carne? La respuesta a esta pregunta determinará en gran medida si México evitará una grave recesión económica en 2025 y años posteriores.
La extradición de 29 capos del narcotráfico no bastó para aplacar a Trump
México llevó a cabo la semana pasada una operación sin precedentes, extraditando a Estados Unidos a 29 presuntos narcotraficantes de alto nivel, en el traslado de líderes de cárteles más importante de la historia. Aunque la operación se enmarca dentro de la cooperación en materia de seguridad, el momento elegido sugiere un claro motivo estratégico: aliviar la presión de Washington y ganar tiempo para demostrar el compromiso de México en la lucha contra los cárteles.
Entre los extraditados figura Rafael Caro Quintero, el tristemente célebre fundador del cártel de Guadalajara y antiguo objetivo de la DEA, vinculado al asesinato de la agente Kiki Camarena en 1985. Su extradición marca el final de una persecución de casi 40 años. Otras figuras importantes fueron Vicente Carrillo, alias “El Viceroy”, y Miguel Ángel Treviño, “Z-40”.
Aunque la presidenta Sheinbaum y su gabinete de seguridad sin duda esperaban que este movimiento retrasara o suavizara las acciones de Trump, la táctica fue finalmente infructuosa, con sólo un guiño poco entusiasta del secretario de Estado Marco Rubio. El mensaje era claro: Estados Unidos quiere más. El equipo de Trump está estableciendo comparaciones con el Proceso 8000 de Colombia, una investigación explosiva que puso al descubierto profundos vínculos narcopolíticos. Queda por ver si Sheinbaum está dispuesta a llevar a México por el mismo camino.
El nepotismo es malo... pero mantengámoslo hasta 2030
El partido gobernante en México, Morena, ha sacado adelante a regañadientes la propuesta de la presidenta Sheinbaum de prohibir el nepotismo y la reelección, pero no sin dar la batalla. Mientras que la gran mayoría de las reformas presentadas en los meses anteriores fueron aprobadas sin cambios (“no muevan ni una coma”, exigió AMLO), esta vez el Congreso consideró necesario adjuntar un retraso, empujando convenientemente la implementación de la reforma hasta 2030, permitiendo así que familiares de gobernadores en funciones se postulen en 2027, en particular la senadora del PVEM Ruth González Silva, esposa del gobernador de San Luis Potosí Ricardo Gallardo, así como los senadores Félix Salgado Macedonio en Guerrero y Saúl Monreal en Zacatecas.
Luisa María Alcalde, presidenta de Morena, anunció con orgullo las medidas “antinepotismo y antirreeleccionistas”, comenzando con programas piloto en Durango y Veracruz. Sin embargo, el largo plazo desvirtúa la supuesta urgencia de estas reformas. Si el nepotismo es un problema tan grave, ¿por qué esperar años para solucionarlo? Además, la resistencia del Congreso al tema expone fracturas internas dentro de Morena, lo que sugiere que no todos están de acuerdo, y están dispuestos a avergonzar públicamente a Sheinbaum.
De las promesas a los indicadores: El nuevo enfoque mexicano del desarrollo
El Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2025-2030 ha llegado. A diferencia de la versión políticamente cargada y llena de indicadores que López Obrador presentó hace seis años, la propuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum se apega a los fundamentos de la gobernabilidad.
Aunque algunos lo tachen de rutina burocrática, México ha tratado a menudo la planificación a largo plazo como una mezcla de ilusiones y promesas electorales. El último PND estuvo repleto de afirmaciones grandiosas pero inconmensurables, como “erradicar la pobreza extrema”. El sentimiento era positivo, pero sin puntos de referencia claros era imposible evaluar si se había logrado algo. Esta vez, al menos, hay un esfuerzo por definir el éxito de forma que pueda medirse.
El verdadero reto, por supuesto, estará en la ejecución, donde anteriores planes grandiosos se han quedado tristemente cortos. De momento, la decisión de Sheinbaum de adoptar una gobernanza basada en datos es un cambio interesante y bienvenido.
Contacto:
Laura Camacho
Directora Ejecutiva de Asuntos Públicos de Miranda
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