MI's Mexico Public Affairs Chatter - 9 de diciembre de 2025

Diplomacia mundialista: El verdadero pistoletazo de salida para la USMCA

El primer viaje oficial de Claudia Sheinbaum a Washington tenía todas las marcas de un suave debut diplomático: banderas guardadas en el armario, el sorteo de la Copa del Mundo como ocasión nominal y las suficientes sonrisas oficiales para estabilizar los mercados. Pero detrás de la cortina, era cualquier cosa menos ceremonial. Su reunión a puerta cerrada con Donald Trump y el primer ministro canadiense, Mark Carney, marcó el de facto inicio de unas negociaciones que podrían definir el próximo capítulo económico de América del Norte.

 

Los tres líderes elogiaron la reunión calificándola de “excelente” y “productiva”, el tipo de lenguaje que a menudo significa que o no ha pasado nada o todo sigue en el aire. Antes de la reunión, Trump revivió un viejo favorito suyo: la amenaza de dejar expirar el USMCA a menos que se “reequilibre”. Sheinbaum le corrigió educadamente, señalando que el tratado no expira en 2026, simplemente entra en su fase de revisión. “No te tomes al pie de la letra todas las declaraciones”, aconsejó después, logrando sonar a la vez tranquilizadora y ligeramente exasperada, con meses de tensiones que empiezan a mostrar el peaje que se han cobrado.

 

No obstante, Sheinbaum insistió en que su charla en el palco con Donald Trump y Mark Carney giró en torno al fútbol: la clasificación de los equipos, la logística del sorteo y la aparente sorpresa de Trump por el hecho de que algunos equipos fueran realmente buenos. “Todo giraba en torno al sorteo”, aclaró, restando importancia a cualquier subtexto político e intentando gestionar las expectativas. El hockey también tuvo una breve aparición, con Carney y Trump charlando sobre él mientras Sheinbaum se sentaba educadamente fuera de sí. Más tarde, en una reunión privada alejada de las cámaras, la conversación giró en torno al comercio y la cooperación regional. Sheinbaum enmarcó el tono cordial de Trump como un guiño diplomático a la presidencia mexicana, no a ella personalmente.

 

No hubo grandes anuncios, sólo la promesa de seguir hablando. Pero el contexto importa. La reunión coincidió con una serie de audiencias en el Congreso y sesiones informativas privadas sobre la próxima revisión del USMCA. En enero, justo después de las vacaciones y antes de que comiencen las negociaciones formales, el Representante de Comercio de EE.UU. deberá presentar un informe. Aunque en las audiencias se habló de todo, desde los aranceles a la langosta hasta los derechos laborales en México, el mensaje subyacente fue claro: EE.UU. se está preparando para fijar las condiciones pronto, de forma explícita y en voz alta, aunque no contundente.

 

Mientras tanto, cualquier idea de una alianza entre Canadá y México para contrarrestar la influencia de Washington sigue siendo más una aspiración que una estrategia. Como dice Duncan Wood, ambos países hablan de “asociación estratégica”, pero se quedan cortos cuando se trata de caminar juntos. Durante la última negociación del USMCA, el equipo de Trump simplemente los separó, negoció por separado y volvió a reunirse en la línea de meta. Enfrentados a la presión, tanto Ottawa como Ciudad de México hicieron lo que siempre hacen: mirar primero a Washington, y el uno al otro solo cuando es conveniente, con la atracción gravitacional económica de Estados Unidos simplemente demasiado fuerte para ignorarla.

 

La narrativa comercial dio otro giro después de que Donald Trump amenazara con un arancel de 5% a las exportaciones mexicanas por una disputa sobre el agua que la mayoría de los analistas descartaron como una retórica más de Trump. En un comunicado, acusó a México de violar el Tratado de Aguas de 1944 al no entregar más de 800.000 acres-pies de agua que se adeudan a los agricultores estadounidenses, en particular en Texas. Exigió la entrega inmediata de 200.000 acres-pies antes del 31 de diciembre o se enfrentaría a las consecuencias arancelarias. La advertencia es un recordatorio de la volatilidad a la que se enfrentarán las negociaciones, y añade un nuevo nivel de presión justo cuando México se prepara para aprobar su amplia reforma arancelaria, convirtiendo un cambio comercial interno en un enfrentamiento bilateral potencialmente más amplio.

 

Dicho esto, el propio Trump se enfrenta a crecientes presiones políticas sobre la asequibilidad y las presiones sobre el coste de la vida en EE.UU. Los aranceles han empeorado la situación, contribuyendo a una inflación estadounidense obstinadamente alta en torno al 3%, una de las razones por las que Trump ha dado marcha atrás en tantas desde el “Día de la Liberación”. Por tanto, sus amenazas arancelarias tienen cada vez menos peso, ya que los observadores han calculado los costes políticos de llevarlas a cabo. México, ahora el mayor socio comercial de Estados Unidos en exportaciones e importaciones y clave para la competitividad de Estados Unidos, tiene algunas cartas después de todo.

 

 

Aranceles, geografía y el arte de tomar partido

México está a punto de promulgar una de sus intervenciones comerciales más enérgicas en décadas: una subida arancelaria generalizada sobre más de 1.400 líneas de productos procedentes de países que carecen de acuerdos comerciales, dirigida claramente a las importaciones asiáticas. La justificación oficial es la defensa industrial, la corrección de las prácticas comerciales desleales y el fomento de la fabricación nacional. Por debajo de eso, la geopolítica es difícil de ignorar: la creciente presión de Washington para frenar el flujo de productos chinos en América del Norte a través de los puertos mexicanos, y la inminente revisión del USMCA en 2026.

 

El impulso a la medida aumentó después de que la presidenta Sheinbaum ordenara a los legisladores aprobar la reforma antes de fin de año. Con la mayoría legislativa de Morena, su aprobación está prácticamente garantizada, con sólo modestas excepciones para sectores como el acero y las autopartes. Además de la ideología, la reforma tiene un atractivo fiscal: El Tesoro de México estima unos ingresos adicionales de casi $3,8 billones en 2026, lo que supondría un colchón oportuno a medida que el gasto público se reduce.

 

Ayer, la reforma superó un obstáculo clave en la Comisión de Asuntos Económicos de la Cámara Baja, al ser aprobada con diez votos a favor, uno en contra y ocho abstenciones. La propuesta, basada en la iniciativa presidencial de Sheinbaum, fue modificada por casi 60% durante las deliberaciones. El objetivo, según el presidente de la comisión, Miguel Ángel Salim (PAN), era dar mayor certidumbre al mercado y condiciones más justas a las industrias nacionales vulnerables a la competencia global distorsionada, particularmente en textiles, acero, plásticos y componentes automotrices.

 

Se espera que hoy vote el pleno de la Cámara de Diputados. En total, se prevé ajustar 1.463 líneas arancelarias: 706 sólo en textiles, seguidas de 249 en hierro y acero, 94 en piezas de automóvil y 81 en plásticos. Según las autoridades, 316 de estas líneas están actualmente libres de aranceles, mientras que otras ya soportan derechos de 10% o 35%. Tras consultar con el Ministerio de Economía, 391 líneas mantendrán sus aranceles originales. De las 1.072 restantes, la mayoría se refieren a importaciones por valor inferior a $1,5 millones anuales, o proceden de países con acuerdos comerciales vigentes, factores ambos citados para restar importancia a cualquier posible perturbación.

 

La reacción de la industria sigue siendo cautelosa. Los fabricantes de automóviles apuntan a componentes difíciles de sustituir, mientras que las empresas de electrónica y electrodomésticos advierten de aumentos de costes y retrasos. Los defensores de los consumidores se preparan para aumentos de precios, aunque el gobierno insiste en que los efectos serán modestos. El plazo de aplicación de 30 días ha aumentado la sensación de urgencia e inquietud.

 

Diplomáticamente, la medida reabre un triángulo incómodo. Pekín ha calificado la propuesta de coercitiva. Sheinbaum, andando con cuidado, insiste en que los aranceles se aplican en sentido amplio, y que México “no busca conflictos con nadie”. Una delegación se dirige a Pekín para aclarar las cosas. En Washington, la recepción es más cálida. Trump elogió el cambio, y su equipo de comercio ya ha señalado que la aplicación, y no las palabras, guiará las expectativas de EE.UU. en las próximas conversaciones comerciales.

 

 

Transformación, con transporte: Sheinbaum vuelve a abarrotar el Zócalo

Siete años después de la primera toma del Zócalo por Morena, el partido en el poder estaba de regreso, esta vez para marcar continuidad, no sólo legado. La presidenta Sheinbaum subió al estrado ante un Zócalo abarrotado y reivindicó una participación de más de 600.000 personas. La oposición no tardó en rebatirlo, calificándolo de despliegue orquestado y no orgánico, señalando autobuses, pancartas y cajas de comida.

 

Apegándose a los clásicos, Sheinbaum invocó repetidamente el legado del ex presidente Andrés Manuel López Obrador, posicionándolo como el arquitecto de la Cuarta Transformación y una brújula moral para la administración actual. Describió 2018 como un punto de inflexión cuando “el pueblo tomó una decisión sabia y valiente” al elegir a López Obrador, enmarcando su gobierno como el momento en que México rompió con el control oligárquico. Le atribuyó logros fundacionales: reducir la pobreza, defender la soberanía nacional y restablecer un Estado que sirva “a todos, pero especialmente a quienes más lo necesitan.”

 

También utilizó su discurso en el Zócalo para enmarcar el impulso económico de México como una validación del modelo central de la Cuarta Transformación: impulsado por el Estado, socialmente arraigado y fiscalmente disciplinado. Destacó el récord de inversión extranjera directa (140.000 millones en el tercer trimestre de 2025), la fortaleza del peso y la baja inflación como pruebas de que “el modelo funciona”. En particular, desafió viejas ortodoxias al señalar que el aumento de los salarios (en particular el aumento de 154% en el salario mínimo desde 2018) no había disuadido la inversión ni desencadenado la inestabilidad, sino que coincidió con el crecimiento del empleo y la confianza de los inversores.

 

Aunque evitó referirse abiertamente a las asociaciones público-privadas, el contenido de sus declaraciones apuntaba a una estrategia de inversión basada, al menos implícitamente, en el capital privado. Los proyectos de infraestructuras a gran escala, como las centrales eléctricas de ciclo combinado, los nuevos corredores ferroviarios y los planes de vivienda social, sugieren una coordinación permanente con el sector privado, aunque en condiciones públicas más estrictas. El mensaje fue claro: México sigue abierto a la inversión, pero no al tipo de acuerdos desregulados asociados a regímenes anteriores.

 

 

Contacto:                                                                          

Laura Camacho

Directora Ejecutiva de Asuntos Públicos de Miranda

laura.camacho@miranda-partners.com

 

Gilberto García

Socio y Jefe de Inteligencia

gilberto.garcia@miranda-partners.com

 

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